¿Tener hijos o promover la natalidad?

El guardián de los cristales - Tener hijos o promover la natalidad en el mundo
Tener hijos es un asunto que debe juzgarse bajo el prisma de la ética debido a sus repercusiones económicas y ecológicas.

Introducción

Hay temas que me tocan por dentro. Y no por causas sentimentales. Siento la necesidad intelectual de rechazar tajantemente aquellas creencias infundadas que, como las religiones, se convierten en el opio del pueblo mientras se enraízan entre la gente. En pleno siglo XXI, donde impera la información y las tecnologías, todavía existe una distancia abismal entre los avances técnicos y el pensamiento crítico requerido para organizar nuestra sociedad.

Al igual que la publicidad apela a las emociones, las supersticiones y a cualquier tipo de irracionalidad para vender un productos, quienes nos gobiernan y establecen las reglas del juego capitalista también participan en la creación y perpetuación de concepciones que convengan a sus intereses económicos. Hoy quisiera hablar acerca de tener hijos y de por qué el Estado, según en qué momentos, promueve la natalidad por intereses económicos incompatibles con la sostenibilidad, la estabilidad social y la coherencia lógica.

El guardián de los cristales - Recesión económica
La economía mundial está al borde de una reconfiguración internacional cuyos resultados son imprevisibles.

Tener hijos es incompatible con el actual modelo socioeconómico

Cuando aparece en la prensa el debate sobre la tasa de natalidad en España, y en otros países, los medios tratan de sesgar rápidamente la cuestión para limitarla a aspectos manidos y triviales como la inserción tardía al mercado laboral, el cambio de rol en la mujer trabajadora, el enorme desempleo y los bajos salarios.

Claro que estos factores son importantes a la hora de decidir si tener hijos. Sin embargo, tanto para la sociedad como para la estructura socioeconómica que nos sostiene, también cabe ahondar en matices no tenidos en cuenta por el filtro político: las razones éticas de por qué no tener hijos y el tremendo sinsentido de promover la natalidad o la inmigración en apelación a las futuras pensiones o al vaciado paulatino de la España rural.

El guardián de los cristales - Construcción de viviendas y deforestación
En los países en desarrollo existe un crecimiento desaforado que está terminando con los últimos bosques y selvas vírgenes de la Tierra.

Razones éticas para no tener hijos

La reproducción humana, como en otras especies animales, responde a un factor biológico y cultural. Ambos desempeñan un papel relevante en nuestra toma continua de decisiones a lo largo de la vida.

Dado que los humanos somos sujetos altamente racionales, tenemos el deber de que nuestras acciones se adecúen a la ética, es decir, a la lógica y a la justicia hacia uno mismo y hacia otros. La existencia de un instinto reproductor o la presión social no excusa ni legitima que nosotros u otros miembros de la sociedad obvien un cuestionamiento moral sobre si tener hijos es correcto en nuestras circunstancias actuales.

En la actualidad, tener hijos se vuelve éticamente incompatible con nuestra propia subsistencia a dos niveles: económico y ecológico.

  • Razones económicas: Si entendemos que el clima económico actual en España viene marcado por la inestabilidad financiera, la inflación, unos impuestos desorbitados, una alta tasa de desempleo, unos empleos mediocres, unos contratos lamentables, un régimen para autónomos más sangrante que un atraco a mano armada, etc., ¿tiene acaso sentido que alguien se plantee tener hijos? ¿Qué futuro busca darles? A menos que el padre o madre cuente con una situación privilegiada, no hay ninguna racionalidad en eludir estas razones y tirar para delante sin ningún tipo de planificación familiar. Y, aun así, ni siquiera las familias adineradas se escapan del siguiente punto...
  • Razones ecológicas: La humanidad ya consume más del doble de los recursos renovables anuales de todo el planeta Tierra y vamos a camino de terminar con todos los recursos no renovables para finales de este siglo. Y esto sin contar la fragmentación y destrucción de hábitats motivados por nuestros hábitos contemporáneos. Hay expertos que, movidos por sus prejuicios o por pagos de la industria, todavía se empecinan en negar la sobrepoblación humana y el impacto medioambiental sin precedentes que hemos causado desde la Revolución Industrial. Incluso aunque una familia cuente con una situación financiera muy favorable, ¿cómo espera que su descendencia tenga una vida agradable en un entorno hostil marcado por la hambruna, las guerras o los constantes conflictos sociales?
El guardián de los cristales - Frontera entre México y EE.UU (sobrepoblación)
Frontera entre México y EE.UU. Puede observarse el crecimiento poblacional disparado en las economías emergentes de Latinoamérica.

Promover la natalidad es un disparate estratosférico

Los gobiernos no representan ni defienden los intereses del pueblo, sino el de las empresas. Y éstas, irónicamente, persiguen su autoperpetuación mediante acciones terribles motivadas por su mentalidad cortoplacista.

Cualquier comercial o pequeño accionista sabe perfectamente que las empresas persiguen el beneficio rápido sin analizar las consecuencias que tendrán para el entorno financiero o el conjunto de la población.

Nuestro actual modelo pseudocapitalista, más o menos globalizado, sueña con un crecimiento económico infinito en un mundo finito. No se requiere una mente prodigiosa para comprender que en un medio finito no puede haber un crecimiento infinitivo de absolutamente nada.

Sin embargo, es tal la mentalidad cortoplacista y la necesidad de incrementar los ingresos, que las grandes empresas invierten mucho dinero en manipular a la opinión pública para que la sociedad tome decisiones horribles que, sobre el papel, les otorgue beneficios a corto plazo.

La percepción sobre el envejecimiento de la población europea

Las empresas perciben el envejecimiento de la población en Europa como una amenaza frente al crecimiento exponencial de la población en mercados emergentes, como Asia, África y América del Sur. Esta diferencia deriva en conflictos de interés por el control de los nichos de mercado y el desplazamiento de las grandes multinacionales conforme los gobiernos de ciertos países, como China, ejercen un control económico más poderoso por su enorme capacidad de mano de obra.

La prensa, como vil sierva, menciona últimamente que el «logro» de que China haya abandonado su política de hijo único y no señalará, por supuesto, que tanto la maniobra de china como el origen de dichos articulillos responde a un interés financiero para controlar la oferta y la demanda según la disponibilidad de puestos y trabajadores. Un mayor número de empleados de nivel bajo resulta conveniente para acabar con la capacidad de negociación y mantener a los trabajadores en una situación precaria.

Ésta es la razón, de hecho, de por qué España siempre solicita trabajadores extranjeros en campañas agrícolas. El sueño húmedo de cualquier aspirante a dictador pasa por impedir que las clases inferiores puedan competir con las clases superiores haciendo que las clases inferiores sean, virtualmente, infinitas en número.

Campañas para promover la natalidad en España

En esta competición a gran escala y sin cuartel, las grandes empresas españolas apuestan por promover la natalidad apelando a sentimientos de deber religioso y lanzan mensajes tremendistas sobre la bajada de natalidad o la reducción de la población rural. Y peor de todo está en que el Gobierno, cual esclavo de intereses ajenos, ha estado años subvencionando la natalidad y especula con volver a hacerlo.

Nuestro sistema educativo y sanitario se cae a pedazos. ¿Acaso esperan enmendar el problema de la seguridad social obligándonos a tener seis hijos para mantener las pensiones? ¿Estamos locos?

Más allá de las razones ya expuestas, cabe preguntarse qué sentido hay en promover la natalidad en España cuando se carece de oportunidad laborales y vivimos en una auténtica fuga de cerebros. ¿Quieren que los españoles tengan más hijos obligados a emigrar? ¿Quieren que los españoles tengan hijos que pasen hambre, que soporten contaminación, enfermedades o soporten un sistema político corrupto, enchufista y ocupado por oligofrénicos?

El guardián de los cristales - Molino de viento en paisaje sobre medio sostenible
Esa entelequia de un «mundo sostenible» es imposible con una natalidad desbocada.

Conclusión

Tener hijos o promover la natalidad son acciones sin sentido en la situación global que vivimos. Las empresas desean un flujo creciente de consumidores y no parece importarles que la humanidad colapse en una guerra mundial. Las guerras, al fin y al cabo, son lucrativas. ¿Verdad?

Respecto a la población, vemos lo mismo de siempre: una sociedad manipulable, sin pensamiento propio ni planificación familiar que aspiran a dejar un mundo mejor para sus hijos sin plantearse que los humanos deberíamos, en todo caso, no tener hijos o dejar unos hijos mejores para el mundo.

Situaciones injustas, como la explotación animal, no cesarán mientras prosigan imperando prejuicios atávicos y la población humana —y especista— sigan actuando como una plaga.