El vulgo, la vulgaridad y los humanos vulgares

El guardián de los cristales - Figura de Donald Trump sobre el mapa de Estados Unidos - Vulgo elitista
Donald Trump se ha convertido para muchos en la caricatura y el estereotipo del vulgo.

Introducción

Este artículo combina hechos objetivos, crítica social y humor ácido. Si no te gustan las críticas o el humor mordiente, no te ofendas. Es tan fácil como no continuar leyendo. No obstante, te recomendaría seguir adelante por si llegas a sentirte identificado —la ambigüedad de esta frase es intencional—. Dicho esto, en esta entrada quisiera exponer y argumentar qué entendemos por vulgo, qué es la vulgaridad y por qué la mayor parte de los humanos son vulgares.

El estudio de la vulgaridad cobra una especial relevancia en nuestros días; pues permite analizar comportamientos sociales y nos ayuda en la prevención de riesgos y calamidades. Hoy, gracias a la computación informática y a la virtualización de cálculos estadísticos, podemos prever que la sociedad humana está condenada por culpa de sí misma: la tasa de contagio de la vulgaridad, la influencia del vulgo sobre los poderes del estado o la excesiva y descontrolada superpoblación del vulgo acabará por condenar todo el planeta y derruirá los cimientos de nuestra civilización. En adelante comprenderás por qué.

El vulgo es indistinguible

El vulgo es indistinguible, salvo para quienes sabemos indentificarlos.

Definición de vulgo, vulgaridad y humanos vulgares

Empecemos por lo primero. Todo ente real puede recibir una denominación para designarlo. Los sustantivos sirven para señalar elementos de la realidad. El vulgo, del latín «vulgus», se refiere al conjunto mayoritario de individuos que componen nuestra sociedad. El Diccionario María Moliner lo define así:

Conjunto formado por la gran mayoría de las personas, o sea, las que no se distinguen especialmente por su cultura, su aristocracia o cualquier circunstancia que las incluye en una minoría. ⊚ Se aplica, sin sentido despectivo, a las personas ajenas a cierto campo de conocimientos o actividad que, por tanto, no tienen conocimientos especiales en él.

Nótese que la definición se refiere a «individuos indistinguibles». Resulta un error común creer que el término «vulgo» esté para gente pobre o de clase baja. En absoluto. Cualquier colectivo dentro de la sociedad puede ser igualmente vulgar si sus miembros muestran las características reseñadas. Por tanto, el lector no debe inferir que ésta sea una crítica con matices elitistas.

La vulgaridad, del latín «vulgarĭtas», es la cualidad de «vulgar». Y los humanos vulgares son los miembros de nuestra especie que componen el vulgo debido a su vulgaridad. Una vez definidos los términos, metámonos en materia.

Humanos como si fueran sims, una manera de ejemplificar el comportamiento del vulgo y de la masa social.

Características del vulgo

El vulgo no sería vulgo, es decir, no habría surgido una palabra para designarlo, si no existieran características generales que se cumplen en una abrumadora mayoría de gente. Las singularidades —o colectividades— del vulgo son las siguientes.

Cognición

La inteligencia del vulgo suele ser media o inferior a la media. Dado que, según estudios interpretativos, surgen problemas de comprensión mutua cuando dos individuos se diferencian más de veinte puntos en cociente intelectual, el vulgo suele entenderse bien otros miembros vulgares; pero bastante mal con quienes los sobrepasan en todas sus cualidades. Se trata de una triste realidad que les impide progresar.

Esta carencia de comprensión se une al sesgo psicológico conocido como efecto Dunning-Kruger, por el cual, lejos de adquirir conciencia sobre sus carencias para tratar de enmendarlas en la medida de sus posibilidades biológicas —recordemos que la inteligencia es una variable modulada por la expresión génica—, sienten por el contrario una extraña sensación de júbilo, vanagloria o, inclusive, superioridad, a la par que muestran todos y cada uno de los rasgos arquetípicos del grupo.

Este hecho se vuelve especialmente paradójico —y sangrante, en su sentido metafórico— cuando nos encontramos con que los humanos vulgares suelen ser férreos opositores a los Derechos Animales. «¡Los humanos primero!», se los oye aducir; sin conciencia de que sus conductas endogrupales apenas se distinguen de las de otros mamíferos.

El vulgo, en un alarde de superioridad humana, arguye que sólo los humanos merecen respeto mientras no son conscientes de que, precisamente, son los humanos más inteligentes en el seno de la sociedad quienes defienden la lógica y el deber moral de proteger los intereses inalienables de los animales.

Ética

Los principios morales del vulgo están determinados por la inercia social. Si a un ejemplar de Homo sapiens vulgaris lo criaron en un ambiente sexista, será sexista; si lo criaron en un ambiente racista, será racista; y si lo criaron en un ambiente especista, será especista. Incluso si dicho sujeto deja de ser sexista, racista o especista no se debe a la reflexión propia, sino a la existencia de una presión social contra dichos prejuicios.

Aunque esta realidad se convierta en un lastre social de cara a lograr una justicia universal, tiene como punto positivo, al menos, que si la masa vulgar define su ética según la presión social, basta con que exista una masa social vegana lo suficientemente amplia como para que el vulgo adopte el veganismo y otros cambios sociales y legales sin oposición.

Dialéctica

La capacidad dialéctica del vulgo destaca por su nula complejidad y una larga ristra de falacias dialécticas conocidas desde los tiempos de Aristóteles:

  • Si alguien cuestiona sus pensamientos, responden con: «Es mi opinión», «Es tu opinión», «Toda opinión es respetable».
  • Si alguien cuestiona sus acciones, responden con: «Siempre se ha hecho así», «Siempre ha sido así», «Es mi elección personal».
  • Si alguien cuestiona sus creencias, responden con: «Es un fanático», «Eres un facha», «Eres un rojo», «Eres un machirulo», «Eres una alienada».
  • Si alguien les señala un error material o argumental, responde con: «¡Me ofende!», «Eres un prepotente», «Te crees un maestro», «Jajajaja»

Éstos y otros alegatos típicos se repiten sin cesar en la boca de todo elemento vulgar.

El guardián de los cristales - Pirámide de Graham sobre la argumentación - El vulgo no sabe argumentar
Pirámide de Graham sobre la argumentación. Conforme la argumentación de alguien se sitúa en la parte más baja de la pirámide, mayores probabilidades habrá de que dicho sujeto sea vulgar.

Política

El vulgo se caracteriza por defender con suma convicción aquellos ideales políticos que han adquirido de su círculo inmediato. Sin embargo, no saben siquiera argumentar por qué defienden tal o cual ideal, creencia o propuesta política. La viveza, rotundidad y fanatismo de sus intervenciones son una muestra de su vulgaridad. Según su orientación política, el vulgo puede ser de izquierdas o de derechas:

  • Si el vulgo es de izquierdas, utilizará expresiones como: «Facha muerto, abono pa' mi huerto», «Pablo Iglesias es un héroe», «No hay cosa más tonta que un obrero de derechas», «Sergio García Torres protege a los animalitos», etc.
  • Si el vulgo es de derechas, utilizará expresiones como: «Podemita», «¡Viva VOX!», «Hay que echar a los moros», «¡Viva España, viva el Rey, viva el Orden y la Ley», etc.

Aunque existe vulgo de centro, normalmente aparece en minoría porque el vulgo tiende hacia la polarización de sus ideales en pos de experimentar el calor de un grupo de amigos.

Religión

El vulgo descuella por su fervor religioso y por sus comportamientos asociados a alguna creencia esotérica. No sólo caben vulgos cristianos, ni mucho menos. Entre el vulgo también hay quienes practican el budismo, quienes creen que el agua tiene memoria y quienes confunden escepticismo con nihilismo al pensar que el primero consiste en negar cualquier argumentación científica.

Más que por lo que dicen, el vulgo religioso se hace notar por aquello que hace. Por ejemplo: lanzan largas cadenas de mensajes por redes sociales para pedir un «amén» o rezar por la salvación de algún niño que sabe Dios cuándo dejó de serlo, y publican noticias falsas que creen ciertas porque no se molestan siquiera en comprobar las fuentes, o bien, porque no tienen capacidad cognitiva para percatarse del pedazo de bulo —a menudo tan obvio que sólo le falta lucecitas de neón— que acaban de colarles.

Gustos

El vulgo, dada su estricta normalidad según la campana de Gauss, comparte los mismos gustos con su grupo cercano de amigos. A diferencia de la religión o los ideales políticos, en los cuales la familia suele tener un peso importante, el vulgo acostumbra a heredar los gustos de aquellos individuos con quienes han compartido su infancia y adolescencia.

Hay miles de gustos típicos del vulgo. Aquello que los caracterizaría en este apartado no sería el gusto en sí; sino la no-extraña coincidencia de que sus gustos coincidan con los de sus amigos y de que evolucionen acorde a los de sus amigos. Que en el grupo se fuma marihuana, pues a fumar maría; que en el grupo se pone reggaeton, pues todos a escucharlo. Y así, indefinidamente.

Chica leyendo en la biblioteca

Debemos fomentar la lectura y hábitos saludables para la mente y no sólo respecto al cuerpo. El vulgo suele ser adictivo a los entretenimientos vacuos y a permanecer pegado a una pantalla.

Consecuencias sociales derivadas de la existencia del vulgo

El vulgo es la piedra de toque de muestra sociedad, el palo en la rueda de cualquier carromato. El vulgo define y perpetúa el statu quo y dificulta los progresos sociales debido a su inteligencia limitada, sus sesgos cognitivos y su adhesión por lo conocido. En este último punto, quisiera señalar los riesgos y las temibles consecuencias a la que nos enfrentamos como especie por culpa de la subespecie vulgaris.

Tal como postuló la comedia cinematográfica Idiocracy, nos enfrentamos a un futuro poco esperanzador. Dicha película, bastante mediocre e insulsa, representa una sociedad futura en que la mayoría de la sociedad es profundamente estúpida y posee una tecnología que no sabe usar. Esta premisa fantasiosa tiene su parte de razón si consideramos que, según estudios, quienes son más inteligentes se reproducen menos que quienes poseen una inteligencia media.

Así pues, ¿qué será de nuestra especie? ¿Nos volveremos más idiotas de lo que ya somos? ¿Nos extinguiremos? Desde luego, esta ultima opción sería la preferida por aquellos animales a los que exterminamos a diario.