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Adrián López Galera

Acerca de Adrián López Galera

Grado en Biología. Máster en Estudios Lingüísticos, Literarios y Culturales. Amplia experiencia en Derechos Animales, Escritura Creativa y Administración de sistemas informáticos.

El guardián de los cristales - Tener hijos o promover la natalidad en el mundo

¿Tener hijos o promover la natalidad?

El guardián de los cristales - Tener hijos o promover la natalidad en el mundoTener hijos es un asunto que debe juzgarse bajo el prisma de la ética debido a sus repercusiones económicas y ecológicas.

Introducción

Hay temas que me tocan por dentro. Y no por causas sentimentales. Siento la necesidad intelectual de rechazar tajantemente aquellas creencias infundadas que, como las religiones, se convierten en el opio del pueblo mientras se enraízan entre la gente. En pleno siglo XXI, donde impera la información y las tecnologías, todavía existe una distancia abismal entre los avances técnicos y el pensamiento crítico requerido para organizar nuestra sociedad.

Al igual que la publicidad apela a las emociones, las supersticiones y a cualquier tipo de irracionalidad para vender un productos, quienes nos gobiernan y establecen las reglas del juego capitalista también participan en la creación y perpetuación de concepciones que convengan a sus intereses económicos. Hoy quisiera hablar acerca de tener hijos y de por qué el Estado, según en qué momentos, promueve la natalidad por intereses económicos incompatibles con la sostenibilidad, la estabilidad social y la coherencia lógica.

El guardián de los cristales - Recesión económicaLa economía mundial está al borde de una reconfiguración internacional cuyos resultados son imprevisibles.

Tener hijos es incompatible con el actual modelo socioeconómico

Cuando aparece en la prensa el debate sobre la tasa de natalidad en España, y en otros países, los medios tratan de sesgar rápidamente la cuestión para limitarla a aspectos manidos y triviales como la inserción tardía al mercado laboral, el cambio de rol en la mujer trabajadora, el enorme desempleo y los bajos salarios.

Claro que estos factores son importantes a la hora de decidir si tener hijos. Sin embargo, tanto para la sociedad como para la estructura socioeconómica que nos sostiene, también cabe ahondar en matices no tenidos en cuenta por el filtro político: las razones éticas de por qué no tener hijos y el tremendo sinsentido de promover la natalidad o la inmigración en apelación a las futuras pensiones o al vaciado paulatino de la España rural.

El guardián de los cristales - Construcción de viviendas y deforestaciónEn los países en desarrollo existe un crecimiento desaforado que está terminando con los últimos bosques y selvas vírgenes de la Tierra.

Razones éticas para no tener hijos

La reproducción humana, como en otras especies animales, responde a un factor biológico y cultural. Ambos desempeñan un papel relevante en nuestra toma continua de decisiones a lo largo de la vida.

Dado que los humanos somos sujetos altamente racionales, tenemos el deber de que nuestras acciones se adecúen a la ética, es decir, a la lógica y a la justicia hacia uno mismo y hacia otros. La existencia de un instinto reproductor o la presión social no excusa ni legitima que nosotros u otros miembros de la sociedad obvien un cuestionamiento moral sobre si tener hijos es correcto en nuestras circunstancias actuales.

En la actualidad, tener hijos se vuelve éticamente incompatible con nuestra propia subsistencia a dos niveles: económico y ecológico.

  • Razones económicas: Si entendemos que el clima económico actual en España viene marcado por la inestabilidad financiera, la inflación, unos impuestos desorbitados, una alta tasa de desempleo, unos empleos mediocres, unos contratos lamentables, un régimen para autónomos más sangrante que un atraco a mano armada, etc., ¿tiene acaso sentido que alguien se plantee tener hijos? ¿Qué futuro busca darles? A menos que el padre o madre cuente con una situación privilegiada, no hay ninguna racionalidad en eludir estas razones y tirar para delante sin ningún tipo de planificación familiar. Y, aun así, ni siquiera las familias adineradas se escapan del siguiente punto…
  • Razones ecológicas: La humanidad ya consume más del doble de los recursos renovables anuales de todo el planeta Tierra y vamos a camino de terminar con todos los recursos no renovables para finales de este siglo. Y esto sin contar la fragmentación y destrucción de hábitats motivados por nuestros hábitos contemporáneos. Hay expertos que, movidos por sus prejuicios o por pagos de la industria, todavía se empecinan en negar la sobrepoblación humana y el impacto medioambiental sin precedentes que hemos causado desde la Revolución Industrial. Incluso aunque una familia cuente con una situación financiera muy favorable, ¿cómo espera que su descendencia tenga una vida agradable en un entorno hostil marcado por la hambruna, las guerras o los constantes conflictos sociales?

El guardián de los cristales - Frontera entre México y EE.UU (sobrepoblación)Frontera entre México y EE.UU. Puede observarse el crecimiento poblacional disparado en las economías emergentes de Latinoamérica.

Promover la natalidad es un disparate estratosférico

Los gobiernos no representan ni defienden los intereses del pueblo, sino el de las empresas. Y éstas, irónicamente, persiguen su autoperpetuación mediante acciones terribles motivadas por su mentalidad cortoplacista.

Cualquier comercial o pequeño accionista sabe perfectamente que las empresas persiguen el beneficio rápido sin analizar las consecuencias que tendrán para el entorno financiero o el conjunto de la población.

Nuestro actual modelo pseudocapitalista, más o menos globalizado, sueña con un crecimiento económico infinito en un mundo finito. No se requiere una mente prodigiosa para comprender que en un medio finito no puede haber un crecimiento infinitivo de absolutamente nada.

Sin embargo, es tal la mentalidad cortoplacista y la necesidad de incrementar los ingresos, que las grandes empresas invierten mucho dinero en manipular a la opinión pública para que la sociedad tome decisiones horribles que, sobre el papel, les otorgue beneficios a corto plazo.

La percepción sobre el envejecimiento de la población europea

Las empresas perciben el envejecimiento de la población en Europa como una amenaza frente al crecimiento exponencial de la población en mercados emergentes, como Asia, África y América del Sur. Esta diferencia deriva en conflictos de interés por el control de los nichos de mercado y el desplazamiento de las grandes multinacionales conforme los gobiernos de ciertos países, como China, ejercen un control económico más poderoso por su enorme capacidad de mano de obra.

La prensa, como vil sierva, menciona últimamente que el «logro» de que China haya abandonado su política de hijo único y no señalará, por supuesto, que tanto la maniobra de china como el origen de dichos articulillos responde a un interés financiero para controlar la oferta y la demanda según la disponibilidad de puestos y trabajadores. Un mayor número de empleados de nivel bajo resulta conveniente para acabar con la capacidad de negociación y mantener a los trabajadores en una situación precaria.

Ésta es la razón, de hecho, de por qué España siempre solicita trabajadores extranjeros en campañas agrícolas. El sueño húmedo de cualquier aspirante a dictador pasa por impedir que las clases inferiores puedan competir con las clases superiores haciendo que las clases inferiores sean, virtualmente, infinitas en número.

Campañas para promover la natalidad en España

En esta competición a gran escala y sin cuartel, las grandes empresas españolas apuestan por promover la natalidad apelando a sentimientos de deber religioso y lanzan mensajes tremendistas sobre la bajada de natalidad o la reducción de la población rural. Y peor de todo está en que el Gobierno, cual esclavo de intereses ajenos, ha estado años subvencionando la natalidad y especula con volver a hacerlo.

Nuestro sistema educativo y sanitario se cae a pedazos. ¿Acaso esperan enmendar el problema de la seguridad social obligándonos a tener seis hijos para mantener las pensiones? ¿Estamos locos?

Más allá de las razones ya expuestas, cabe preguntarse qué sentido hay en promover la natalidad en España cuando se carece de oportunidad laborales y vivimos en una auténtica fuga de cerebros. ¿Quieren que los españoles tengan más hijos obligados a emigrar? ¿Quieren que los españoles tengan hijos que pasen hambre, que soporten contaminación, enfermedades o soporten un sistema político corrupto, enchufista y ocupado por oligofrénicos?

El guardián de los cristales - Molino de viento en paisaje sobre medio sostenibleEsa entelequia de un «mundo sostenible» es imposible con una natalidad desbocada.

Conclusión

Tener hijos o promover la natalidad son acciones sin sentido en la situación global que vivimos. Las empresas desean un flujo creciente de consumidores y no parece importarles que la humanidad colapse en una guerra mundial. Las guerras, al fin y al cabo, son lucrativas. ¿Verdad?

Respecto a la población, vemos lo mismo de siempre: una sociedad manipulable, sin pensamiento propio ni planificación familiar que aspiran a dejar un mundo mejor para sus hijos sin plantearse que los humanos deberíamos, en todo caso, no tener hijos o dejar unos hijos mejores para el mundo.

Situaciones injustas, como la explotación animal, no cesarán mientras prosigan imperando prejuicios atávicos y la población humana —y especista— sigan actuando como una plaga.

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El guardián de los cristales - Hospital destruido

La decadencia de la sanidad pública española

El guardián de los cristales - Hospital destruido - La decadencia de la sanidad pública españolaUn hospital antiguo y desmantelado, una previsión de futuro sobre la decadencia de la sanidad pública española.

Introducción

Las instituciones en España nunca se han caracterizado, históricamente, por su eficiencia ni sentido de la coherencia. En este breve ensayo quisiera arrojar una crítica específica sobre el estado actual de la sanidad pública española.

Uno ni siquiera termina de aparcar cerca de un hospital o de llegar andando y ya se encuentra un panorama poco halagüeño. Celadores y enfermeros fuman junto a la puerta de urgencias mientras la gente se apiña en salas de espera a rebosar.

Se toma el turno, se espera, quizás, a una previa etapa de clasificación y nos dirigen a una sala de espera todavía mayor y más atestada. Para llegar hay que esquivar primero camillas con ancianos acostados por los pasillos, algunos con respiraderos o sujetos de la mano por sus familiares.

Entre centenares de asientos, inusables por las políticas contra el COVID-19, la gente se resigna cabizbaja, jugueteando con sus móviles para combatir el aburrimiento o el dolor que experimenten. ¿Qué sentido tiene reservar dos metros de distancia entre asientos aun cuando nos vemos obligados a esperar de pie, pegados unos contra otros?

Uno no hay podido siquiera desabrocharse la chaqueta y ya observa que la mayor parte de las consultas están apagadas y no funcionan por falta de personal. Tendremos que llenarnos de paciencia.

El guardián de los cristales - Paciente con una vía infravenosaPaciente hospitalizado con una vía intravenosa.

La decadencia de la sanidad pública como resultado de un problema endémico

La atención primaria, ya sea en urgencias o en una cita con el médico de cabecera, es donde se revelan principalmente las carestías y la decadencia de la sanidad pública española. Si desde antes de la epidemia del coronavirus habíamos sufrido graves recortes excusados por la crisis económica —fruto de una mala gestión política basada en el ladrillo y la corrupción—, la situación se ha convertido en algo absolutamente insostenible.

A las numerosas camillas dejadas en los pasillos de observación se les sumaba la carencia de mascarillas y de trajes de protección personal para el personal sanitario. Si con anterioridad el servicio sanitario público era precario, desde entonces hemos alcanzado el nivel propio de un país tercermundista.

Desde el coronavirus se han acentuado, de golpe, todos los males endémicos de la gestión política española: saturación, recortes, incompetencia, burocracia infuncional y una larga ristra de situaciones lamentables. Muchos medios de comunicación exponen cifras y denuncias de fallecidos por negligencias médicas.

En la actualidad, el ciudadano español apenas tiene vías para solicitar atención primaria. Si uno intenta coger cita con el médico de cabecera, el teléfono probablemente esté descolgado y en la página de internet se indica que no resulta posible seleccionar ninguna fecha. A ello cabe sumarle la misma situación hallada para gestiones de la Seguridad Social, Hacienda o en las comisarías de la Policía Nacional.

Esta imposibilidad de disponer de una visita programada con un profesional deriva en un aumento exponencial en el número de ciudadanos que acuden a urgencias.

El guardián de los cristales - Operación quirúrgicaUna operación quirúrgica es, a menudo la última posibilidad de salvación a tiempo de un cuadro agravado por el paso del tiempo.

La sanidad pública presume de «prevención precoz»

Muy a menudo aparecen anuncios publicitarios, y avisos en los propios centros de salud, que indican la importancia de acudir a un profesional a tiempo para detectar y prevenir enfermedades mortales.

Sin embargo, en la práctica, si uno busca ayuda profesional porque presenta una sintomatología compatible con un cáncer, un tumor o algún trastorno importante, estos mismos profesionales se niegan o posponen hasta el infinito la realización de pruebas que podrían salvar vidas, ya sea por escasez de recursos o al priorizar otros cuadros clínicos más desfavorables.

Hay casos sangrantes en que el paciente recibe la noticia de que su caso no tiene cura, tratamiento o intervención quirúrgica porque no se ha detectado a tiempo. Otras veces, es precisamente la detención tardía lo que degenera en un mayor gasto a la sanidad pública. Sólo se destina presupuesto a combatir síntomas en lugar de prevenir enfermedades. Qué irónico, ¿verdad?

¿De qué sirve tanta publicidad bananera y cartelitos monos si, en la realidad, el gobierno prefiere despedir sanitarios, permitir la fuga de cerebros y destinar 20.000 millones en «políticas feministas transversales». Me imagino a aquella mujer, joven o de edad media, a quien no le llega el sueldo para hacer la compra ni dispone de una merecida atención sanitaria. Pero el gobierno, eso sí, se ha molestado en llenar las calles de España con bellos letreros con lemas muy posmodernos que le recuerdan su gran papel y derechos como mujer…

El guardián de los cristales - La sanidad pública nos drogaLos españoles acumulamos decenas de productos farmacológicos en nuestras casas. Cuando no hay prevención se recurre a combatir el dolor y poco más.

La sanidad pública droga a la población

Aparte del sentido sugerente de esta afirmación, por medio de la manipulación política en temas como el asunto animalista, el Gobierno de España ejerce una hipotética cruzada contra las drogas mientras avala y promueve un modelo de drogadicción institucional.

Todavía se repite aquello de que el paciente no debe automedicarse, aun cuando se encuentra siempre con las mismas barreras, la misma desatención y las mismas negligencias. Acudir a urgencias en la sanidad pública significa, sin excepción, soportar larguísimas esperas para recibir una atención de pocos minutos que se saldará con algún medicamento generalista.

Paracetamol, ibuprofeno y diazepam adquieren el valor de panaceas universales —me acuerdo ahora de aquella novela de «El médico»— ante el colapso y la desidia de los profesionales sanitarios. Muchos síntomas acaban ninguneados sistemáticamente por el desinterés o costo de realizar determinadas pruebas o de derivar la exploración previa a otro saturado especialista.

Hay casos en que el desempleo, la fractura familiar y el estrés conducen a situaciones que requieren de un neurólogo, psicólogo o psiquiatra. Estas especialidades, junto con la salud oral, quedan injustamente marginadas. Aquéllos que sufran de algún trastorno, más o menos grave, y necesiten atención para cuestiones neurológicas quedan en el más absoluto olvido.

El guardián de los cristales - Estetoscopio colgado de una paredQue un médico nos ausculte se convierte en una odisea en una sanidad pública desbordada.

Conclusiones

La sanidad pública, en estos años, ha pasado de ser una de las mejores de Europa y del mundo a un esperpento para la salud y dignidad de los españoles. El dinero que se destina a atención sanitaria es tanto insuficiente como mal repartido y mal gestionado.

La atención se demora demasiado, la pruebas y operaciones se producen a cuentagotas, las listas de espera tardan meses y los tratamientos son genéricos. En la actualidad, está produciéndose un incremento en el número de pacientes que recurren a la sanidad privada ante la frustración, la desesperación y la impotencia de poder defender sus derechos.

Poco a poco, la sanidad pública va quedando relegada a convertirse en un sistema precario para atender a inmigrantes y personas desfavorecidas. No en vano, la decadencia de la sanidad pública española es un fiel reflejo de la degeneración social de nuestro país.

Parece que se ha iniciado una caída cuesta abajo y un deterioro que nos conducirá al estado de otros países supuestamente desarrollados; los cuales dejan morir a enfermos en la puerta de los hospitales si no han rellenado aún su parte del seguro médico o indicado una cuenta bancaria que pueda costear una atención de vida o muerte.

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El-guardián-de-los-cristales-Vacuna-contra-el-coronavirus

Vacunarse contra el coronavirus no debe ser obligatorio

El guardián de los cristales - Vacuna contra el coronavirus - Obligatoriedad de las vacunas - Derechos Humanos - Vacunarse contra el coronavirusLa pandemia del coronavirus ha abierto la puerta a la aplicación de medidas excepcionales. Establecer la obligatoriedad de las vacunas contra el coronavirus es un atentado contra los Derechos Humanos. Vacunarse contra el coronavirus debería ser voluntario.

Detrás de una excusa siempre hay una intención

Como dijo Adolf Hitler, las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña. Actualmente, en pleno apogeo del segundo rebrote de la pandemia del coronavirus, nos encontramos con que gobiernos y empresas continúan intentando sacar tajada de estas circunstancias excepcionales para promover e imponer medidas arbitrarias, represoras y que rozan la paranoia. Todo sea, por supuesto, para obtener un rédito económico.

El culmen de tales acciones injustas y desproporcionadas se avecina con la terrible posibilidad de que el Gobierno de España, en consonancia con otros gobiernos que muestran poco aprecio por la democracia y por los Derechos Humanos, decrete la obligatoriedad de vacunarse contra el coronavirus.

En esta entrada, quisiera exponer una breve disertación sobre la injusticia e incoherencia manifiesta de obligar a todos los ciudadanos de España —y de otros países— a vacunarse contra el coronavirus. Asimismo, también aprovecharé para refutar algunas falacias comunes. No voy de adentrarme en detalles biológicos —soy biólogo— ni tampoco en asuntos políticos. Mi intención se limita a lanzar una serie de reflexiones éticas basadas en los hechos y las pruebas existentes respecto a las implicaciones éticas que tendría la obligatoriedad de vacunarse contra el coronavirus.

El guardián de los cristales - Mascarilla con la bandera de EspañaEl Gobierno de España tiene una agenda que cumplir. Dicha agenda no sigue, en lo más mínimo, el interés de los ciudadanos ni la defensa de sus derechos fundamentales.

Argumentos contra la obligatoriedad de vacunarse del coronavirus

Una vacuna, por definición, es una sustancia exógena a nuestro organismo que se inocula con el objetivo de que nuestro cuerpo genere unas defensas biológicas contra los patógenos presentes en dicha sustancia. La vacunación es un método científicamente avalado que ayuda a generar una inmunidad o resistencia contra diversos agentes perjudiciales.

En general, se considera recomendable que la población se vacune ante un determinado virus. Sobre todo, aquellos miembros de la población que constituyen un grupo vulnerable. Ahora bien, el caso que nos compete dista mucho de ser el habitual. Por ende, esta situación merece un análisis exhaustivo y basado en lo que sabemos sobre el coronavirus y las pruebas realizadas. Resumiré mis argumentos en sólo tres puntos:

  1. Establecer una vacunación obligatoria viola los Derechos Humanos. A tenor de lo ya explicado, establecer la obligatoriedad de vacunarse implica que el Estado, o cualquier autoridad, impone su poder para introducir una sustancia exógena en el organismo de un ser humano. Esto significa, en pocas palabras, que tal ente sitúa sus decisiones e intereses por encima de la voluntad e integridad de una persona humana. Eso, en sí mismo, es una aberración.
  2. Las vacunas contra el coronavirus no están todavía muy probadas. Cualquier medicamento debe pasar años de investigación, desarrollo y análisis de efectos antes de que pueda pasar a la utilización y consumo de la sociedad. En general, este proceso tarda varios años e incluso décadas. Las vacunas presentadas contra el coronavirus no llevan ni un año de desarrollo. Esto implica que, si el Gobierno decretara la obligatoriedad de vacunarse contra el coronavirus, estaría jugando con la vida de sus ciudadanos.
  3. No existe ningún marco legal que ampare a las víctimas si aconteciere una vacunación obligatoria contra el coronavirus. Las leyes en España establecen que las vacunas son voluntarias. Sin embargo, como herencia del franquismo, existe un cierto hueco legal para imponer medidas contra los Derechos Humanos en circunstancias que el Estado estime como «excepcionales». Si el Gobierno decretara la obligatoriedad de las vacunas y alguien muriese o sufriera algún trastorno o enfermedad como consecuencia de su administración, dicha persona quedaría absolutamente desamparada y sin garantías sociales.

El guardián de los cristales - El coronavirus y los medios de comunicaciónLos medios de comunicación manipulan la información y el razonamiento científico para imponer unas ideas determinadas en la población humanas. Más tarde, se valdrán de tales ideas para justificar una vacunación obligatoria, y otras acciones injustas y aberrantes contra los Derechos Humanos.

Respuesta a falacias típicas a favor de la vacunación obligatoria

El Gobierno no es imparcial en esta situación. Resulta innegable que existen intereses comerciales derivados del desvío de dinero público para la adquisición de estas vacunas contra el coronavirus y una infinidad de contratos comerciales vigentes y potenciales. Los medios de comunicación, regidos por estos mismos intereses, iniciaron desde hace meses una campaña para inculcar algunas ideas y falacias entre la población para allanar el camino hacia un posible decreto que estableciera la obligatoriedad de las vacunas.

Este conjunto de acciones, ejercido por gobiernos y empresas, está perfectamente orquestado. Para entender mejor las diferentes estrategias de manipulación psicológica, aconsejo visitar este ensayo que escribí sobre la teoría de la Ventana de Overton.

  • Falacia del negacionismo: Acontece cuando aquellos individuos que están a favor de imponer una vacunación colectiva arguyen que quienes rechazan esta imposición son negacionistas del coronavirus, antivacunas o conspiranoicos. Como ya he señalado, estar contra la obligatoriedad de vacunarse o contra la actual vacuna del coronavirus no significa estar en contra de todas las vacunas ni de la ciencia. Se trata, ni más ni menos, que un hombre de paja unido a un sucedáneo de una falacia ad hominem que busca ridiculizar a alguien mediante la asociación de un argumento con aquel que lo expone.
  • Falacia del «bien público»: Acontece cuando aquellos individuos que están a favor de imponer una vacunación colectiva arguyen que vacunarse debe ser obligatorio porque constituye un bien común para todos. Ésta es, sin dudas, una de las falacias más peligrosas y la que será el estandarte del Gobierno. Se trata de una falacia consecuencialista (ad consequentiam) que parte desde una petición de principio (petitio principii) para declarar que está bien vulnerar los derechos de un individuo si el resultado de hacerlo puede ser positivo para el conjunto de la población. Debido a que la mentalidad utilitarista está muy asentada entre la población, unido al hecho de que el miedo y la fe pueden servir como detonante mental para el ejercicio o justificación de acciones aberrantes (como el nazismo), esta falacia se vuelve especialmente peligrosa; pues puede servir para excusar, literalmente, cualquier acción emprendida por gobiernos y empresas en detrimento de la vida, la libertad y la integridad de las personas. Irónicamente, las grandes empresas farmacéuticas podrían compartir los datos de sus investigaciones para obtener una vacuna más eficiente y menos costosa. Pero prefieren duplicar esfuerzos por tal de «llevarse el gato al agua», ¿acaso es cuestión de bien público que a alguien se lo obligue a vacunarse del coronavirus contra su consentimiento y libertad mientras las farmacéuticas no piensan en el bien común para salvar vidas? No nos engañemos, se trata de dinero. Ya está.

El guardián de los cristales - Intereses económicos en la vacuna contra el coronavirus - Obligatoriedad de las vacunas - Derechos HumanosAnte el evidente interés económico, podemos afirmar que imponer la obligatoriedad de las vacunas sería una acción contraria a las libertades individuales con un trasfondo meramente monetario.

Conclusión

Es triste que hayan muerto ya millones de personas —humanas y no humanas— por el coronavirus. La mayor parte de tales cifras se la llevan aquellos animales sobre quienes se ha experimentado la vacuna o sobre quienes ha recaído todo el peso del especismo: los 15 millones de visones asesinados en Dinamarca son un buen ejemplo de cuánto es capaz de hacer el ser humano por su interés o, en dicho caso, por su paranoia especista.

Lo peor de la pandemia del coronavirus radica en que ha sentado precedentes para unos terribles cambios en nuestros sistemas socio-económicos y en que nos ha demostrado, nuevamente, que el ser humano emprenderá acciones contrarias a los intereses inalienables de un sujeto por intereses propios o bajo la manipulación de terceros. Ahora más que nunca debemos ser conscientes de los intereses de Gobiernos y empresas por controlar nuestra privacidad y libertad. En nuestra mano queda tomar algunas decisiones para defender nuestra autodeterminación.

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Figura de Donald Trump

El vulgo, la vulgaridad y los humanos vulgares

El guardián de los cristales - Figura de Donald Trump sobre el mapa de Estados Unidos - Vulgo elitistaDonald Trump se ha convertido para muchos en la caricatura y el estereotipo del vulgo.

Introducción

Este artículo combina hechos objetivos, crítica social y humor ácido. Si no te gustan las críticas o el humor mordiente, no te ofendas. Es tan fácil como no continuar leyendo. No obstante, te recomendaría seguir adelante por si llegas a sentirte identificado —la ambigüedad de esta frase es intencional—. Dicho esto, en esta entrada quisiera exponer y argumentar qué entendemos por vulgo, qué es la vulgaridad y por qué la mayor parte de los humanos son vulgares.

El estudio de la vulgaridad cobra una especial relevancia en nuestros días; pues permite analizar comportamientos sociales y nos ayuda en la prevención de riesgos y calamidades. Hoy, gracias a la computación informática y a la virtualización de cálculos estadísticos, podemos prever que la sociedad humana está condenada por culpa de sí misma: la tasa de contagio de la vulgaridad, la influencia del vulgo sobre los poderes del estado o la excesiva y descontrolada superpoblación del vulgo acabará por condenar todo el planeta y derruirá los cimientos de nuestra civilización. En adelante comprenderás por qué.

El vulgo es indistinguible

El vulgo es indistinguible, salvo para quienes sabemos indentificarlos.

Definición de vulgo, vulgaridad y humanos vulgares

Empecemos por lo primero. Todo ente real puede recibir una denominación para designarlo. Los sustantivos sirven para señalar elementos de la realidad. El vulgo, del latín «vulgus», se refiere al conjunto mayoritario de individuos que componen nuestra sociedad. El Diccionario María Moliner lo define así:

Conjunto formado por la gran mayoría de las personas, o sea, las que no se distinguen especialmente por su cultura, su aristocracia o cualquier circunstancia que las incluye en una minoría. ⊚ Se aplica, sin sentido despectivo, a las personas ajenas a cierto campo de conocimientos o actividad que, por tanto, no tienen conocimientos especiales en él.

Nótese que la definición se refiere a «individuos indistinguibles». Resulta un error común creer que el término «vulgo» esté para gente pobre o de clase baja. En absoluto. Cualquier colectivo dentro de la sociedad puede ser igualmente vulgar si sus miembros muestran las características reseñadas. Por tanto, el lector no debe inferir que ésta sea una crítica con matices elitistas.

La vulgaridad, del latín «vulgarĭtas», es la cualidad de «vulgar». Y los humanos vulgares son los miembros de nuestra especie que componen el vulgo debido a su vulgaridad. Una vez definidos los términos, metámonos en materia.

Humanos como si fueran sims, una manera de ejemplificar el comportamiento del vulgo y de la masa social.

Características del vulgo

El vulgo no sería vulgo, es decir, no habría surgido una palabra para designarlo, si no existieran características generales que se cumplen en una abrumadora mayoría de gente. Las singularidades —o colectividades— del vulgo son las siguientes.

Cognición

La inteligencia del vulgo suele ser media o inferior a la media. Dado que, según estudios interpretativos, surgen problemas de comprensión mutua cuando dos individuos se diferencian más de veinte puntos en cociente intelectual, el vulgo suele entenderse bien otros miembros vulgares; pero bastante mal con quienes los sobrepasan en todas sus cualidades. Se trata de una triste realidad que les impide progresar.

Esta carencia de comprensión se une al sesgo psicológico conocido como efecto Dunning-Kruger, por el cual, lejos de adquirir conciencia sobre sus carencias para tratar de enmendarlas en la medida de sus posibilidades biológicas —recordemos que la inteligencia es una variable modulada por la expresión génica—, sienten por el contrario una extraña sensación de júbilo, vanagloria o, inclusive, superioridad, a la par que muestran todos y cada uno de los rasgos arquetípicos del grupo.

Este hecho se vuelve especialmente paradójico —y sangrante, en su sentido metafórico— cuando nos encontramos con que los humanos vulgares suelen ser férreos opositores a los Derechos Animales. «¡Los humanos primero!», se los oye aducir; sin conciencia de que sus conductas endogrupales apenas se distinguen de las de otros mamíferos.

El vulgo, en un alarde de superioridad humana, arguye que sólo los humanos merecen respeto mientras no son conscientes de que, precisamente, son los humanos más inteligentes en el seno de la sociedad quienes defienden la lógica y el deber moral de proteger los intereses inalienables de los animales.

Ética

Los principios morales del vulgo están determinados por la inercia social. Si a un ejemplar de Homo sapiens vulgaris lo criaron en un ambiente sexista, será sexista; si lo criaron en un ambiente racista, será racista; y si lo criaron en un ambiente especista, será especista. Incluso si dicho sujeto deja de ser sexista, racista o especista no se debe a la reflexión propia, sino a la existencia de una presión social contra dichos prejuicios.

Aunque esta realidad se convierta en un lastre social de cara a lograr una justicia universal, tiene como punto positivo, al menos, que si la masa vulgar define su ética según la presión social, basta con que exista una masa social vegana lo suficientemente amplia como para que el vulgo adopte el veganismo y otros cambios sociales y legales sin oposición.

Dialéctica

La capacidad dialéctica del vulgo destaca por su nula complejidad y una larga ristra de falacias dialécticas conocidas desde los tiempos de Aristóteles:

  • Si alguien cuestiona sus pensamientos, responden con: «Es mi opinión», «Es tu opinión», «Toda opinión es respetable».
  • Si alguien cuestiona sus acciones, responden con: «Siempre se ha hecho así», «Siempre ha sido así», «Es mi elección personal».
  • Si alguien cuestiona sus creencias, responden con: «Es un fanático», «Eres un facha», «Eres un rojo», «Eres un machirulo», «Eres una alienada».
  • Si alguien les señala un error material o argumental, responde con: «¡Me ofende!», «Eres un prepotente», «Te crees un maestro», «Jajajaja»

Éstos y otros alegatos típicos se repiten sin cesar en la boca de todo elemento vulgar.

El guardián de los cristales - Pirámide de Graham sobre la argumentación - El vulgo no sabe argumentarPirámide de Graham sobre la argumentación. Conforme la argumentación de alguien se sitúa en la parte más baja de la pirámide, mayores probabilidades habrá de que dicho sujeto sea vulgar.

Política

El vulgo se caracteriza por defender con suma convicción aquellos ideales políticos que han adquirido de su círculo inmediato. Sin embargo, no saben siquiera argumentar por qué defienden tal o cual ideal, creencia o propuesta política. La viveza, rotundidad y fanatismo de sus intervenciones son una muestra de su vulgaridad. Según su orientación política, el vulgo puede ser de izquierdas o de derechas:

  • Si el vulgo es de izquierdas, utilizará expresiones como: «Facha muerto, abono pa’ mi huerto», «Pablo Iglesias es un héroe», «No hay cosa más tonta que un obrero de derechas», «Sergio García Torres protege a los animalitos», etc.
  • Si el vulgo es de derechas, utilizará expresiones como: «Podemita», «¡Viva VOX!», «Hay que echar a los moros», «¡Viva España, viva el Rey, viva el Orden y la Ley», etc.

Aunque existe vulgo de centro, normalmente aparece en minoría porque el vulgo tiende hacia la polarización de sus ideales en pos de experimentar el calor de un grupo de amigos.

Religión

El vulgo descuella por su fervor religioso y por sus comportamientos asociados a alguna creencia esotérica. No sólo caben vulgos cristianos, ni mucho menos. Entre el vulgo también hay quienes practican el budismo, quienes creen que el agua tiene memoria y quienes confunden escepticismo con nihilismo al pensar que el primero consiste en negar cualquier argumentación científica.

Más que por lo que dicen, el vulgo religioso se hace notar por aquello que hace. Por ejemplo: lanzan largas cadenas de mensajes por redes sociales para pedir un «amén» o rezar por la salvación de algún niño que sabe Dios cuándo dejó de serlo, y publican noticias falsas que creen ciertas porque no se molestan siquiera en comprobar las fuentes, o bien, porque no tienen capacidad cognitiva para percatarse del pedazo de bulo —a menudo tan obvio que sólo le falta lucecitas de neón— que acaban de colarles.

Gustos

El vulgo, dada su estricta normalidad según la campana de Gauss, comparte los mismos gustos con su grupo cercano de amigos. A diferencia de la religión o los ideales políticos, en los cuales la familia suele tener un peso importante, el vulgo acostumbra a heredar los gustos de aquellos individuos con quienes han compartido su infancia y adolescencia.

Hay miles de gustos típicos del vulgo. Aquello que los caracterizaría en este apartado no sería el gusto en sí; sino la no-extraña coincidencia de que sus gustos coincidan con los de sus amigos y de que evolucionen acorde a los de sus amigos. Que en el grupo se fuma marihuana, pues a fumar maría; que en el grupo se pone reggaeton, pues todos a escucharlo. Y así, indefinidamente.

Chica leyendo en la biblioteca

Debemos fomentar la lectura y hábitos saludables para la mente y no sólo respecto al cuerpo. El vulgo suele ser adictivo a los entretenimientos vacuos y a permanecer pegado a una pantalla.

Consecuencias sociales derivadas de la existencia del vulgo

El vulgo es la piedra de toque de muestra sociedad, el palo en la rueda de cualquier carromato. El vulgo define y perpetúa el statu quo y dificulta los progresos sociales debido a su inteligencia limitada, sus sesgos cognitivos y su adhesión por lo conocido. En este último punto, quisiera señalar los riesgos y las temibles consecuencias a la que nos enfrentamos como especie por culpa de la subespecie vulgaris.

Tal como postuló la comedia cinematográfica Idiocracy, nos enfrentamos a un futuro poco esperanzador. Dicha película, bastante mediocre e insulsa, representa una sociedad futura en que la mayoría de la sociedad es profundamente estúpida y posee una tecnología que no sabe usar. Esta premisa fantasiosa tiene su parte de razón si consideramos que, según estudios, quienes son más inteligentes se reproducen menos que quienes poseen una inteligencia media.

Así pues, ¿qué será de nuestra especie? ¿Nos volveremos más idiotas de lo que ya somos? ¿Nos extinguiremos? Desde luego, esta ultima opción sería la preferida por aquellos animales a los que exterminamos a diario.

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Pendientes en menores: un atentado contra los derechos del menor

Fotografías de bebés con pendientes, piercings y tatuajes - Pendientes en menores - Explotación infantilFotografías de bebés con pendientes, piercings y tatuajes. Alterar el cuerpo de los menores supone un atentado contra sus derechos fundamentales. Por la misma razón, colocar pendientes en menores carece de justificación ética y es una forma, aceptada socialmente, de explotación infantil.

La ignorada ética de los pendientes en menores

Un pendiente —también llamado zarcillo en mi región y recibe otras denominaciones según la zona geográfica— es un elemento decorativo que cuelga de la oreja de un ser humano.

En Occidente y determinados países de Oriente resulta habitual que si un bebé nace niña, se le coloque unos pendientes al cabo de días, semanas o meses. Se trata de una acción meramente cultural, cuyas implicaciones éticas a menudo se olvidan en el seno de nuestra sociedad. No está bien visto —ni es ético— colocarles piercings a un bebé ni tatuarlo de arriba abajo. Sin embargo, la sociedad sí parece ver con buenos ojos que unos padres perforen el cartílago de la oreja de una bebé para que exhiba unos pendientes hipoalergénicos… Esto es una contradicción.

En otros países, a las niñas se les extirpa el clítoris, se les colocan anillas en el cuello, se les vendan los pies o, más creciditas, las obligan a ingerir comida a la fuerza para que engorden y estén «bellas» para su futuro esposo. En nuestro caso, bastante común en el planeta, se les perfora sendos cartílagos del mismo modo que se les practica a otros animales esclavizados. Es una forma de explotación infantil; pues a dicho sujeto se lo usa como medio para un fin: la satisfacción de los padres o el cumplimiento de un rasgo cultural por inercia social.

Colocar pendientes en menores no ético porque los bebés o niños no pueden dar su consentimiento libre e informado para alterar sus cuerpos. Cuando una acción se realiza sin consentimiento del afectado, hablamos de explotación. Y, en este caso, de explotación infantil. Asimismo, en todos estos casos, los menores son forzados y coaccionados contra su voluntad —se los sujeta— para poder perforarles el cartílago de la oreja, algo que los lastima y puede causarles infecciones y otros perjuicios total y absolutamente inmotivados.

El guardián de los cristales - Vacas alpinas con crotales en las orejasA los animales esclavizados como ganado se los marca a fuego y se los etiqueta con crotales en las orejas. Al igual que ocurre con los pendientes en menores, esta práctica tiene su origen en la cosificación del individuo como si fuese un objeto al servicio o con la apariencia que desean sus dueños.

La explotación infantil y la explotación animal

Cuando uno explica que no es ético colocar pendientes en menores, muchos padres y análogos reaccionan diciendo que «cada uno tiene derecho a hacer con sus hijos lo que quiera». Esta afirmación evidencia tanto una profunda ignorancia de los derechos del menor como una visión cosificadora hacia sus propios hijos; la misma cosificación que tiene un ganadero con los animales a los que crían, esclaviza y envía al matadero.

¿Cómo que «cada uno hace con sus hijos lo que quiera»? ¿Dónde queda la libertad de esa bebé? Las acciones que afectan a terceros no son respetables. Los niños no son objetos a disposición de los deseos de los padres. En sociedad se confunde sistemáticamente el deber de cuidarlos con inculcarles unos determinados gustos o una determinada cultura a la fuerza. Así como no se los bautiza por «necesidad» ni se los lleva a catequesis por «menester divino», tampoco se les atraviesan las orejas porque vayamos así a salvarles la vida. Seamos francos. Se hace porque se quiere: por inercia, por irreflexión, por antojo, por falta de criterio…

En estos casos no hablamos de decidir sobre un menor porque tenga un tumor ni ninguna otra situación de vida o muerte; sino de que los padres lleguen a decidir sobre el cuerpo de los menores por una razón de simple apariencia que no tiene por qué compartir ni en el presente ni en el futuro.

La justificación tan típica para poner pendientes en menores de que «le gustará o lo preferirá de mayor» no tiene validez en ética. Éstos y otros alegatos incurren en simples peticiones de principio con que se evade un argumento moral. Atentar contra la integridad de un individuo por una razón ajena a sus propias decisiones es siempre injustificable porque, precisamente, nuestra libertad no debe afectar a la libertad de los demás. Los menores, al igual que todos los restantes animales, entran en dicha categoría.

El guardián de los cristales - Bebé acurrucadoNuestro deber moral es proteger a los menores, no alterar sus cuerpos según convenciones sociales.

Conclusiones

Los humanos poseen una altísima capacidad de racionalizar su cultura e integrarla en su ser, esto significa que intentarán inherente y desesperadamente justificar sus acciones de origen cultural por el simple hecho de que así se les enseñaron. Si esta misma crítica se dirigiera a otras culturas existentes —y pasadas— que mantenían otras preferencias en cuanto físico y modales, nos encontraríamos igualmente con quienes justificaran esta praxis sin mayor argumento.

Cuando el menor alcance la mayoría de edad tendrá libertad para decidir sobre su cuerpo. Mientras tanto, no tenemos legitimidad para colocar pendientes en menores ni para acometer ninguna acción arbitraria sin justificación médica.

Tomarnos esta legitimidad implica obrar sin ningún tipo de provecho sobre sus vidas y, cuando menos, fomentar daños innecesarios —rasgaduras en los lóbulos, dermatitis de contacto e infecciones secundarias— por una razón inútil.

El establecimiento, desde antiguo, de una discriminación basada en el sexo —sexismo— ha causado una cosificación de la mujer hasta el punto de que, a veces, ni ellas mismas son conscientes de que participan la prosecución histórica de acciones atroces e instauradas contra la dignidad que merecen. Esta acción incurre en la misma inmoralidad que otras discriminaciones morales, como el especismo, el cual nos lleva a pensar que acaso esté bien criar, hacinar, marcar y asesinar animales.

Resulta fundamental que la sociedad rechace estas prácticas, análogas a las prácticas ganaderas, que se siguen transmitiendo de generación en generación por inculcación, imitación y aprendizaje.

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