Veganismo y el peligro de cooptación

Veganismo - Peligro de cooptación

Actualmente, cada vez «cuesta más» encontrar un producto o anuncio publicitario en donde no se haga mención al supuesto trato que dicha compañía les da a los animales esclavizados. Esto sirve de prueba para evidenciar que el veganismo está avanzando y extendiéndose, a pesar de las dificultades. Por ello, vivimos y viviremos el inicio de un periodo (analizado históricamente en otras luchas) que se denomina «cooptación».

Este fenómeno consiste en que las empresas pasarán a tomar parte del mensaje vegano y las bases de los Derechos Animales con el objetivo de acercarse al público y desviartuarlo mediante calumnias y oxímoron. Así acontece porque el público objetivo (ciudadano medio) tiene un conocimiento limitado y un interés mínimo en cambiar sus hábitos si nada lo impulsa a ello. Resulta mucho más sencillo inculcar mentiras y excusas para fomentar el inmovilismo que apremiar con la verdad por delante. De hecho, cuando ya se posee una intención previa, los seres humanos cometen el sesgo de confiar ciégamente en cualquier fuente que corrobore sus creencias y prejuicios. En nuestra sociedad especista, eso se traduce en apoyar cualquier visión antropocéntrica y supremacista.

Aun en el siglo XXI, la percepción ética mayoritaria en los humanos hacia los no-humanos es la del utilitarismo moral, es decir, la realización y justificación de cualquier acción que perjudica a los demás animales por el mero hecho de que obtienen algún placer o beneficio, por mínimo que fuere. Este bucle de costumbres, provechos y falta de razonamiento lógico origina un mundo lleno de injusticias que, en el caso de los otros animales, ni siquiera la mayoría reconocen como tales.

Por todo ello, la predisposición poblacional y el poder económico les permite a las empresas un control mayúsculo del pensamiento colectivo sin que éste sea apenas consciente del mismo. Ante un cambio de paradigma (o su agudización) hay que ejercer un activismo más centrado en combatir la cooptación, lo cual implica aclarar por doquier que no existen «animales explotados en libertad» (como dijo un anuncio reciente en televisión) ni tampoco existen huevos de «gallinas felices» o vacas lecheras «libres en el campo». La explotación no causa felicidad y es siempre opuesta a la libertad de los individuos explotados.

Estas acciones son los visos de un temor creciente en la industria que debiera trocarse en pesadilla. Así lo hará si nosotros ejercemos nuestro papel de desengañar a ese pueblo al cual ellos pretenden que siga dormido y alelado. Sin embargo, para conseguirlo, no bastan las buenas intenciones: se requieren hechos.

El grueso de los activistas se dedica a combatir las simples ramas de la cosificación moral. El problema es evidente: no llega a enseñarle a la población las razones por las cuales ha de respetar a otros animales y, por tanto, no impide que la rueda de la explotación siga girando. Si deseamos estar a la alturas de las circunstancias, se precisa tanta convicción y seriedad como quienes se dedican a lucrarse mediante la crianza, hacinamiento y asesinato de otros sujetos.

¡¡¡Sigamos adelante!!!

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