¿Una ética a años luz?

Derechos Animales - Sin evolución social

Una inferencia reducida del día a día

Por mucho que nos esforcemos a diario en promover el veganismo como principio básico de los Derechos Animales, los humanos nos demuestran una y otra vez que mayoritariamente se hallan a años luz (distancia, claro) del nivel o escalón cultural necesario para aplicarlo. La tecnología ha progresado en las últimas centurias a una velocidad mucho mayor que el grado de pensamiento filosófico imprescindible para hacer un uso apropiado de la misma. Nuestra sociedad está saliendo con excesiva lentitud de un estancamiento que se remonta hasta la Edad Media.

No pensamos ahora igual que ayer. No se requiere viajar hasta el siglo XIX para comprobarlo; pues muchos se sonrojarían con actitudes comunes de hace apenas unas décadas. En años recientes ha habido notables incrementos en el número de individuos comprometidos con la causa, sin ir más lejos, considero que soy de las incorporaciones más recientes. Sin embargo, estos avances se observan insuficientes para frenar la barbarie. A pesar de que salvamos vidas y evitamos que millones de nohumanos nazcan y terminen asesinados, la población humana sigue aumentando a un ritmo vertiginoso. Basta echarle un simple vistazo a las estadísticas para dilucidar que, en consecuencia, cada día existe una mayor demanda de explotación animal. El consumo de carne y leche lleva décadas creciendo de forma casi exponencial, entretanto, las organizaciones animalistas continúan llenándose los bolsillos y celebrando «victorias» por el hecho de cambiar un animal explotado por otro o se practique de distinto modo. No entraré en las evidentes catástrofes ecológicas que están causando nuestras acciones y cómo comprometen al planeta entero, sino que me ceñiré a los sujetos; pues son éstos quienes merecen consideración moral.

Cita de Nitzschet - El mundo es bello; pero tiene un defecto llamado hombre

Un momento… ¿este razonamiento es correcto?

¿Es verdad que la sociedad actual esté lejos de cambiar? ¿Es coherente basarse en el devenir de los años para concluir qué vaya a ocurrir o cuánto podamos progresar? He utilizado adrede la ilustración que encabeza esta entrada para ahondar en el funcionamiento real de la evolución biológica y social.

Respecto al primero, suele ser común en todos percibir el proceso evolutivo como un fenómeno lineal (por ejemplo, desde los primates ancestrales hacia el ser humano actual). Esto sucede debido a que, psicológicamente, resulta bastante más intuitivo asemejar cambios complejos a lo largo del tiempo de una manera parecida a nuestro ciclo de vida, a como nosotros crecemos y nos desarrollamos. Nos «encanta» buscar un significado finalista a cualquier suceso, quizás porque así estamos adaptados para extraer conclusiones y sobrevivir en una ambiente en donde sí existen millones de variables que se relacionan con causa-efecto.

Al igual que la evolución biológica incluye aspectos «aleatorios» (no fácilmente calculables o cuantificables) y no se dirige necesariamente hacia la complejidad, la evolución cultural no debe interpretarse tampoco como proceso en línea recta.

En filosofía se denomina «historicismo» a la tendencia irracional por la cual creemos que el transcurso del tiempo implica, o debería implicar, un progreso en todos los sentidos (incluido el moral). Sin embargo, el paso del tiempo no conlleva en sí mismo ninguna mejora o camino al perfeccionamiento. Las ideas son ahistóricas y pueden prevalecer en cualquier época si acontecen las circunstancias que detonan dichos pensamientos. Y éstos logran fijarse en la sociedad si, igualmente, acaecen los eventos que lo posibilitan.

Podemos razonar que un tipo de sociedad subsiguiente será más o menos probable según lo que conocemos. La naturaleza (incluida nuestra conducta) sigue determinados patrones medianamente predecibles. Aún con ello, tan errada es la creencia de que la sociedad humana jamás se convertirá en vegana (para lo cual concluyen cruzarse de brazos) como considerar que la evolución biológica tenderá a volvernos más inteligentes o a hacer de la naturaleza algo más «maravilloso». No podemos alterar la evolución biológica (poblaciones) en tanto que, a nivel de individuo, no alcanzamos a controlar todas las variables en juego; no obstante, cada uno de nosotros es una variable social en sí misma que puede marcar la diferencia.

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