Tolerancia ante las malas acciones…

No a la esclavitud animal - Es hora de evolucionar

Durante estas últimas décadas, el mundo occidental ha estado fomentando el valor de la tolerancia como arma efectiva para combatir el racismo y la xenofobia. Con este noble propósito, los distintos sistemas educativos han ido destacando que debemos respetar a otros individuos porque nosotros mismos deseamos respeto hacia nuestras personas. Sin embargo, ya sea debido a carencia de habilidades y competencias del profesorado o malinterpretación del alumnado, estos conceptos se han transmitido de forma somera y superficial.

En el día de hoy, podemos ir preguntando por la calle cómo se define «tolerancia» y, seguramente, pocos sabrán responder con precisión. Un servidor reconoce que explicarlo a bote pronto cuesta lo suyo…

La gente suele entender «tolerancia» como equivalente de «no entrometerse en asuntos ajenos» o «cada uno por su camino». No obstante, eso no es tolerancia, sino indiferencia.

La tolerancia se refiere al respaldo de los derechos (protección legal de un interés) del propio individuo para llevar a cabo acciones personales (aquéllas que sólo competen a quienes las ejercen), no a la potestad moral para realizar actos hacia otros individuos.

Uno debe tolerar todo aquello que no vulnere los intereses de otro sujeto y no debe tolerar aquello que sí lo haga.

Ante la pregunta: «¿Son respetables todas las ideologías, creencias y ritos en el mundo?». Una mayoría abrumadora contestaría que sí. Pero no, tales pensamientos y posturas jamás deben admitirse cuando su práctica afecte negativamente a otros individuos. Así, por ejemplo, si la religión de un agente moral lo lleva a asesinar a otros, ello se condena de la misma forma. Todos somos iguales y, salvo en caso de defensa propia, nada justifica la vulneración de los intereses ajenos.

Apoyarse en algo escrito o dicho por una fuente importante para propugnar una acción se denomina falacia ad verecundiam y hacerlo sobre una cultura mayoritaria recibe el nombre de falacia ad populum. La primera ha sido y es la mejor arma de las religiones modernas, y la segunda podría considerarse como una resistencia del pueblo frente a los cambios (tendencia al status quo también explicable por motivos psicobiológicos). Hay muchas falacias dialécticas que se utilizan para apoyar la explotación hacia otras personas.

En este sentido, el Catolicismo se ha basado en la Biblia y en su capacidad de persuasión hacia las masas con el propósito de mantener imperios hegemónicos y brindar una supuesta legitimidad divina a los gobernantes. La Iglesia Católica y otras religiones derivadas usaron sus respectivas escrituras (que además están mal traducidas y manipuladas) para sustentar una base moral ante acciones contrarias al principio de igualdad.

Curas y reverendos, élites sociales y hasta el simple vulgo europeo justificaban el colonialismo bajo el pretexto de ser una acción virtuosa del Viejo Mundo con el fin de civilizar a humanos en condiciones de vida decadentes y ajenas al buen camino de la fe… En los periódicos y revistas de la época aparecían ilustraciones simbólicas sobre la extensión de la civilización europea por obra del Altísimo y la ingratitud de los salvajes frente a las enseñanzas. Tal desagradecimiento servía como prueba de que no merecían un trato justo.

La esclavitud negra (principal consecuencia del colonialismo) fue pasando lentamente de las justificaciones religiosas a las biológicas conforme se sucedían los avances en biología; sobre todo, tras la publicación del Origen de las Especies, de Charles Darwin. Entonces, los prejuicios humanos obtuvieron milagrosamente un argumento «científico»: «Los blancos tenemos derecho a esclavizar a los negros porque, según la teoría de la Selección Natural, unas especies dominan sobre otras. Si nosotros ganamos es porque somos superiores y ellos, inferiores».

Por fortuna, este planteamiento pseudobiológico fue perdiendo adeptos y, a fecha actual, el racismo ya no es un problema tan grave como antaño. Sigue siendo una piedra de toque, por supuesto; pero antes los racistas eran una mayoría absoluta y dominante. El llamado «darwinismo social» incurre en una clara tergiversación de los postulados de Darwin con una finalidad política y opresora.

Por desgracia, este fenómeno (la racionalización cultural de un prejuicio para favorecer los intereses de unos sobre todos) no ha desaparecido en absoluto: vivimos en el momento histórico de mayor explotación hacia los no humanos.

Todavía queda un largo trecho para hacerle entender a casi toda la humanidad que dicho fundamento es inválido con independencia de quién sea la víctima. La ética solamente juzga las acciones, por ende, no sólo estamos obligados a actuar moralmente si dicha víctima es de un color diferente, sino que tal imperativo nos concierne para las víctimas de otras especies diferentes. Tanto con el color como la especie son conceptos subjetivos e irrelevantes: una abstracción de la naturaleza que resuelve nuestra pretensión de poder simplificarla, clasificarla y explicar su funcionamiento.

Ya ha llegado el momento de que nuestra especie dé el paso fundamental como ser altamente racional y renuncie al prejuicio más antiguo y arraigado de todos.

Ninguno de nosotros, los animales, está en este planeta para servir a otros.

 

2 comentarios en “Tolerancia ante las malas acciones…

  1. toxin

    hay veces en las que creo que en vez de evolucionar nos estamos volviendo más mezquinos, avariciosos y egoístas, en fin me gusta tu blog es bastante abierto en comparación con otros que he visto

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    1. Sofía

      Es esa apertura la que distingue a este blog, sin traicionar el mensaje. Un equilibrio escaso y grato de hallar.

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