La atrocidad de los descartes pesqueros

Descartes pesqueros para la captura de gambas

Proceso de descarte durante la captura de gambas. Se asesinan más animales «indeseados» que «deseados».

¿Qué son los descartes pesqueros?

Así se engloba dentro de la explotación pesquera al acto de arrojar o desechar aquellas especies que no eran el objetivo o blanco de la pesca, desde otros peces a mamíferos o reptiles marinos y cualquier animal susceptible de convertirse en una víctimas circunstancial. Prácticamente cualquier animal capturado en una red puede terminar desechado si tal especie, su tamaño o estado no permiten su venta en la lonja y los comercios. Debido al desigual interés social por los objetivos capturados en diferentes países y los cambios en el valor bruto por tonelada, a menudo se tiran los cuerpos sin vida de animales que podrían vender; sin embargo, lo hacen para dejar sitio a otras capturas más lucrativas. Cada año varían las tendencias del mercado, así pues, nuestra atención se dirige desigualmente según los gustos y apetitos de una masa desinformada e indiferente.

Esta acción, una consecuencia derivada de la cosificación absoluta de tales sujetos, se estima como una de las más perjudiciales, evitables e «innecesarias» (toda utilización de los no-humanos lo es) de la explotación pesquera. Causa una mortalidad difícil de cuantificar; pues las empresas tratan de ocultarlo para sortear multas por legislación. Resulta prácticamente imposible calcular a cuántos animales liquidan en altar mar para, una vez asfixiados y con sus branquias colapsadas, volver otra vez en el océano minutos más tarde. Entre las cifras más espeluznantes se hallan los 100 millones de tiburones y rayas y 300.000 cetáceos que terminan anualmente por la borda. De hecho, para capturar diferentes especies de gambas (marisquerías) pueden llegar a descartarse el 80% de las restantes capturas. El origen de estos hechos va más allá de las técnicas empleadas: es la sobrepesca (o «sobreasesinato») por culpa de una elevada presión sobre determinadas poblaciones. Existen estudios de la FAO al respecto.

Ilustración pesca de arrastreIlustración de la pesca de arrastre. Estamos convirtiendo los océanos en desiertos.

La hipocresía ecologista, como siempre

Las grandes organizaciones ecologistas afirman luchar por formas efectivas contra los descartes y otros atentados hacia los ecosistemas, originados por el especismo, a la par que proponen medidas absolutamente inefectivas y obvian adrede que la responsabilidad estriba en el consumidor. Al igual que sus contrapartes animalistas, sólo pretenden lucrarse mediante la proposición de pequeños cambios que favorecen a las empresas (pesquerías en este caso) y a la tranquilidad ética de sus donantes. Otras veces se limitan a condenar acciones emprendidas por otros colectivos para usar el sentimiento nacionalista a su favor.

No explican nada sobre aspectos éticos ajenos al estandarte utilitarista y promueven «reservas naturales» en donde ningún animal no humano puede estar protegido porque, precisamente, ni sus propios «defensores» asumen una ética de respeto e igualdad. ¿Cómo puede acaso enmendarse la destrucción masiva de los hábitats marinos si ni siquiera quienes aparentemente se preocupan actúan con un modo coherente para conseguir subsanarlos?

Mientras exista la pesca y cualquier otra forma de explotación animal habrá víctimas directas e indirectas. El problema no trata de una viabilidad instrumental; sino de una comprensión de valores. Considerar que una regulación puede impedir una injusticia incurre en una mayor ceguera lógica que el propio hecho de fomentar el asesinato gratuito de otros animales que sienten y padecen como nosotros.

Los descartes pesqueros son una atrocidad; mas no por «incurrir en desaprovecho»; sino por la propia acción de utilizar a otros individuos como recursos o herramientas para nuestros fines. No necesitamos explotar animales de ninguna forma para poder vivir. A menudo, incluso desde los sectores ecologistas, se ensalza el valor económico y nutricional de los cadáveres de peces esgrimiendo que constituyen unos «alimentos fundamentales» para la obtención ácidos grasos esenciales del tipo omega-3 y omega-6. Debido a esta falsedad, cualquiera podría sospechar que actúan como las relaciones públicas de las compañías al reiterar los mitos publicitarios de éstas. Llamativo, cuando menos, que se propongan cambiar el mundo a mejor mediante mentiras.

Iniciativa Ni un pez por la borda con figuras del mundo gastronómico

Cocineros especistas comprometidos con sólo cocinar animales que se hayan capturado con otros que igualmente vayan a acabar en la cazuela.

Postureos y enfoques reduccionistas

Ante esta injusticia, son muchos quienes alzan la voz. Sin embargo, sus perspectivas del asunto no se enfocan en que matamos por placer y adoctrinamiento cultural; sino en que cometer estos actos supone un «desaprovecho» alimentario. Así lo hacen desde sectores gastronómicos con ciertas figuras a la cabeza que logran protagonismo por no hacer básicamente nada o, peor, por matar pudiendo evitarlo y lucrarse encima con ello.

Que así lo defiendan quienes aún no han llegado a comprender por qué los demás animales merecen respeto lo considero esperable; en cambio, no me cabe en la cabeza que sectores animalistas crean solucionar un problema de asunción moral con campañas monotemáticas; las cuales, nunca sirven para transmitir los alcances de la explotación animal ni defender sus derechos. Para colmo, suelen incurrir en un especismo flagrante cuando enfocan el tema de los descartes y la pesca en sí sólo sobre aquellos animales por quienes los humanos sentimos una cierta propensión. Como ejemplo flagrante está el apoyo de técnicas pesqueras que prevengan la captura de delfines y ballenas, y el etiquetado en latas de conserva con la indicación de que los pescadores de turno sólo han pretendido asesinar sistemáticamente a atunes, caballas u otros peces, no a estos lindos e inteligentísimos mamíferos.

La solución de toda explotación animal es la misma: no participar en ésta y difundir el veganismo como principio ético básico que debe regir el comportamiento humano.

 

 

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