La argucia de las organizaciones animalistas

Conferencia de Humane Society International en donce promueve el bienestarismo

¿Te has fijado? Ser miembro de la Humane Society International te convierte en alguien guay. Observa qué poses. Discriminar entre animales y soltar la cartera resulta la mar de divertido. ¿Para qué hablar de temas serios pudiendo convertir la explotación animal en un espectáculo de corte elitista-sectario-piramidal?

Los miembros que integramos la sociedad occidental actual solemos buscar el modo más rápido y eficiente de lograr algo debido en gran parte al contexto estresante que rige nuestra vida. Esto, sumado la ideología utilitarista imperante, lleva a muchos activistas a establecer la relación errónea entre llegar a la gente y transmitir un mensaje veraz.

Por psicología, los humanos tendemos a escuchar aquellas ideas que concuerdan con las nuestras. Por ende, el método más efectivo para ganarse la atención de alguien consiste en reflejar su propio pensamiento, el cual, en lo referente a la explotación animal, consta de meros prejuicios y malinformaciones como fruto de un sistema educativo deficiente y un adoctrinamiento social ejercicio durante generaciones.

Lógicamente, decir aquello que la otra persona desea oír puede servirnos para que consienta nuestro acercamiento (real o virtual); sin embargo, ¿acaso un mensaje adaptado a gusto del consumir permite defender a las víctimas? En absoluto. Si el objetivo de un activista, por definición, consiste en acercar una injusticia al conocimiento del otro, no tiene el menor sentido informar de las acciones injustas que cometemos y, al mismo tiempo, darles el visto bueno. Sus maniobras podrían resumirse en «Obramos mal. Pero no te preocupes, los humanos somos superiores y no importa que los explotemos». Contradictorio, ¿no?

Entonces, ¿por qué presenciamos a diario que montones de organizaciones tienen la cara dura de hablar sobre un activismo eficaz a la par que transmiten un mensaje carente de validez y fundamento? La razón es simple: aproximarse a la gente les brinda la oportunidad de generarles una pequeña inconformidad moral o sentimental que se traduce en dinero cuando el activista de turno indica que puede donar para «ayudar a los animalitos». He aquí, por tanto, la principal de muchas confusiones categoriales promovidas por instituciones a sus miembros a tenor de que les permite enriquecerse y perpetuarse.

El activismo institucional actúa exactamente igual que el comercial de cualquier empresa o inclusive mejor: crean una necesidad surgida de la empatía (liberarse de culpa por participar en el «maltrato animal») y, seguidamente, ofrecen un producto a medida para satisfacerla. A continuación expondré una mezcla entre las consignas típicas y aquello que verdaderamente pasa por sus mentes cuando las proponen. Cualquier parecido con la realidad es simple coincidencia:

¿Eres estudiante y te preocupan los animales? Con 5€ al mes puedes salvar a muchas ballenas en las costas de Japón. Nos vamos a países lejanos y elegimos a los cetáceos tanto para evitar enfadar a clientes potenciales como por la pasión que despiertan estos animales. Si a la gente les importasen la moscas, igual lanzaríamos una campaña contra los insecticidas y lanzaríamos una regulación sobre la fabricación y compra de matamoscas. Mira cuán ingeniosos somos.

¿Te gustan los perros y gatos? Qué lástima lo de China, ¿verdad? Hazte socio/a y colabora por tan sólo 10€ al mes para lograr que 1000 millones de chinos dejen de explotar perros por arte de magia y se limiten solamente a explotar a otras especies menos queridas en Occidente. Coaccionémolos, pues para algo mandamos los gringos y europeos.

¿Estás en contra de la tauromaquia porque no representa una nación civilizada? Ayúdanos a abolir las corridas por 12€ al mes. Dentro de este semestre tenemos programados tres cánticos de una victoria lograda en algún municipio o publicar sobre los «toros a la balear» como alternativa viable y libre de crueldad. Al fin y a la postre, ni tú ni nosotros vamos a estar en la piel de ese toro criado, manipulado y privado de libertad para dicho fin antropocéntrico.

¿Te preocupa el trato dado a los animales «de granja»? Pues vale, no te vamos a explicar que seguirán estando así mientras te los comas, nos conformamos con que mientras tanto nos dones 20€ al mes para poder continuar lanzando nuestra propaganda. Ya sabes, es muy cruel que se les ampute la cola, los dientes, cuernos, etc., mas degollarlos está magnífico, de lo contrario no disfrutarías su cadáver. Nosotros no queremos que te hagas vegano. Sin la culpabilidad ocasionada por una disonancia cognitiva no existirá nuestro negocio.

¿Sólo deseas realizar donaciones puntuales? No te inquietes. Ponemos a tu disposición un canal de Facebook para que nos transfieras tus ahorrillos e incluso el dinerillo que te hayan regalado por tu cumpleaños.

¿No cuentas con medios para proporcionar un caudal económico directo? ¡No te acongojes! Te invitamos a que realices publicidad yendo a nuestras convocatorias o subiendo fotitos muy monas para captar a otros individuos ignorantes. ¡Es por el bien de los animalitos! Seguro que un cerdo se dejaría comer por ti del agradecimiento.

Unirte a nuestra organización te brinda un estatus elevado frente a tus congéneres. Todos pensarán que eres especialmente bueno/a, generoso/a, altruista y especial. Esto no te explicaremos a lo crudo, para eso ya tenemos artículos escritos por publicistas y a nuestros ponentes en múltiples charlas para que ames a nuestra organización y defiendas sus acciones como si por un instante supieses algo de Derechos Animales. ¿Quién quiere conocimientos pudiendo bastarse con el ego?

Sin ti, nada de esto sería posible. Gracias por cedernos tu agencia moral en forma de lucro. Tú te sientes mejor contigo mismo/a y nosotros, desde luego, tendremos un mejor coche que el tuyo. Mierda, he atropellado a una paloma. Da igual, no están en peligro de extinción… Eso me recuerda que debemos sacar alguna propuesta conservacionista, casi nadie se opone a eso y otorga una excelente imagen. Somos muy anima-listos.

En esta entrada me tomo a sátira algo que absolutamente execrable y lamentable. No transmito nada nuevo que otros autores o yo no hayamos explicado con anterioridad. Recomiendo consultarlas. En concreto, el activista Igor Sanz incide en el aspecto psicológico con un magnífico ensayo.

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