Gary Francione y los seis principios del abolicionismo

Vídeo subido y subtitulado por la activista Cristina Cubells.

Gary Francione - ENTREVISTA GLF

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Introducción

Gary Francione es el máximo exponente actual de los Derechos Animales. Estableció los seis apartados que constituyen el denominado «Enfoque Abolicionista». El Enfoque Abolicionista consta de aquellas razones éticas por las cuales debemos cumplir y defender los Derechos Animales para alcanzar la abolición de la explotación animal.

Los Derechos Animales tienen una vertiente ética y legal. A rasgos prácticos, se basan en el reconocimiento de que los demás animales merecen el mismo respeto reconocido a los humanos. De tal forma, el cumplimiento de los Derechos Animales siguiendo los seis puntos del enfoque abolicionista resulta un deber moral tanto para actuar de manera justa hacia las víctimas como para ser consistentes respecto a los demás principios éticos.

A menudo, el término abolicionismo se ve tergiversado, malinterpretado o corrompido por ignorancia o intereses personales o institucionales. El abolicionismo, en Derechos Animales, se define como la acción y efecto de abolir la explotación animal como resultado de una asunción de derechos. Así, solamente se considera abolición cuando una o más formas de explotación animal quedan abolidas por un reconocimiento de derechos. La prohibición de una práctica sin previa consecución de derechos constituye un acto y maniobra propios del bienestarismo. Existen cientos de organizaciones que se lucran mediante la mentira al prometer una protección legalmente imposible.

En la actualidad, no existe ninguna especie animal ajena a nuestra especie con derechos reconocidos y no podrá haberlas mientras sigan catalogadas como «bienes muebles semovientes» (objetos con movimiento autónomo). Cabe destacar que lo importa no subyace en la denominación; sino en su vinculación legislativa, es decir, poco importa que se los considere seres sintientes; pues sus intereses quedarán igualmente supeditados al de los humanos. Asimismo, en ética el concepto de especie (biología) carece de validez; pues lo que marca la posesión de derechos (valor inherente) es la posesión de intereses inalienables. Quienes poseen intereses son los sujetos en sí mismos; no los conjuntos abstractos más o menos similares formados por tales individuos. Nuestra sociedad discrimina moralmente según la especie y ello se denomina especismo. Lo mismo se aplica al concepto de «raza» y al racismo.

El enfoque abolicionista rechaza la visión utilitarista de Singer, autor de la famosa obra «Liberación Animal» (la cual, paradójicamente, se opone la liberación animal), y ofrece un razonamiento deontológico similar al de la filosofía de los Derechos Humanos. Se asemeja en algunos aspectos a la teoría de Tom Regan; pero su máxima diferencia radica en que parte del concepto de propiedad (pertenencias) como reflejo de la mentalidad antropocéntrica que debe desaparecer a través del activismo educativo y no violento para la instauración de un nuevo paradigma social.

A continuación se presenta una adaptación de los seis principios del abolicionismo redactados por Gary Francione.

Traducción en español

Ensayo original (en inglés)

Derechos Animales

Principio primero: oposición al estatus de propiedad

El enfoque abolicionista rechaza el uso de todos animales no humanos como recursos (explotación) para la satisfacción de cualesquiera fines humanos. La base doctrinal para este rechazo se fundamenta en el hecho de que todos los humanos tienen el derecho fundamental y pre-legal de no ser tratados como recursos para terceros. Éste es el derecho que rige la exclusión de la esclavitud de seres humanos. Poseer un valor intrínseco significa que el sujeto merece respeto porque valora su propia existencia aunque nadie más lo haga o hiciere.

Este fundamento continuaría siendo válido para el caso de los demás animales debido a que éstos también valoran su propia existencia según podemos observar empíricamente. Si los animales importan moralmente, no podemos tratarlos como si fuesen recursos y estamos obligados a reconocerles el derecho a no ser propiedad para excluirlos de nuestra explotación.

Incluso asumiendo la postura del relativismo moral, se observa que toda sociedad humana reconoce la injusticia de provocar daño o sufrimiento innecesario a otros individuos. Esta consideración protomoral denominada «principio humanitario» evidencia que la ética se apoya en una lógica inherente derivada de la cognición.

Principio segundo: refutación de las campañas monotemáticas

Las reformas en el «bienestar animal» no funcionan a causa del estatus de los animales no humanos como propiedad. Cuesta dinero proteger los intereses de tales animales y únicamente protegemos los intereses de dichos animales cuando nos reporta un beneficio, el cual casi siempre suele ser económico. El estatus de propiedad de los demás animales limita los beneficios de la reforma. La mayoría de éstas no hacen otra cosa más que modificar prácticas de manera que, por ejemplo, incrementando los gastos de acondicionamiento se reduzcan los gastos de veterinaria y esto conlleve que se mejore la eficiencia de la producción para los explotadores institucionales. Incluso en situaciones en las que los costes de producción se incrementan, este incremento raramente exceda la elasticidad de la demanda en el mercado y el mercado de productos animales no es afectado negativamente. La reforma bienestarista, por tanto, no hace nada por erradicar el estatus de propiedad de los animales. Más aún, las medidas de bienestar animal consiguen que el público se sienta cómodo participando en la explotación animal (desculpabiliza al consumidor) y esto motiva a continuar con el uso de animales no humanos.

El enfoque abolicionista de los Derechos Animales, además de rehusar las campañas reformistas del bienestar animal, desaprueba las campañas monotemáticas que buscan prohibir determinados usos de animales más que reformar los estándares en sí mismos de la explotación.

Principio tercero: asunción del veganismo

El veganismo debe ser la base moral mínima que guíe el comportamiento humano para poder llegar a ser justos con otros animales. El veganismo es la única respuesta racional a la idea de que los animales tienen un valor moral.

El problema no se debe a que exista gente dedicada a la crianza, hacinamiento y asesinato de animales no humanos; sino al consumo por parte de los habitantes humanos. Dicho consumo valida la explotación animal e impide un reconocimiento de derechos.

La solución pasa en primer lugar por reducir la demanda. Para ello, debemos promover el veganismo como base ética que permita a los agentes morales (humanos con plenas capacidades) comprender la inmoralidad de la explotación animal.

Para conseguir la abolición, los activistas han de enfocarse en el activismo vegano creativo y no-violento.

Principio cuarto: negación del gradualismo

El bienestarismo y otras percepciones derivadas del antropocentrismo moral llevan a la población humana a considerar que unos animales valen más que otros según su proximidad genética a los humanos (pj: primates) por motivos de cercanía contextual (pj: perros, gatos, etc.) o por manifestación de una elevado intelecto (pj: cetáceos).

Los Derechos Animales, al tomar el veganismo como cimiento de nuestra relación con los demás seres sintientes, estima que la mera presencia de la capacidad de sentir es requisito suficiente para poseer derechos debido a que la sintiencia en sí misma conlleva posesión de intereses, deseos y una conciencia, mínima al menos, por la cual el organismo sabe autodiferenciarse del entorno.

Por tanto, todo ser vivo capaz de percibir sensaciones debe contar con derechos. El enfoque abolicionista se centra en la explotación animal porque los animales constituimos el único grupo conocido capaz de sentir.

Principio quinto: coherencia ética

Los Derechos Animales se oponen al especismo porque, al igual que otras formas de discriminación moral, se basa en un criterio irrelevante (la especie) para despreciar y discriminar los intereses de otros seres sintientes. La oposición al especismo tiene sentido sólo como parte de una posición general en contra de todas las formas injustas de discriminación.

Por ende, nuestra oposición al especismo requiere que nos opongamos a toda discriminación moral con independencia de quién sea la víctima.

Principio sexto: rechazo de la violencia

La violencia es un subtipo de explotación por el cual un individuo usa a otro como recurso para desfogar su agresividad (condición biológica). Dado que la violencia sistemática contra otros animales es una consecuencia de su cosificación moral, emplear la violencia contra humanos o propiedades es también resultado de un desprecio hacia su valor moral. Por ello, el enfoque abolicionista condena la violencia como medio para conseguir justicia por los demás animales. El rescate de animales no humanos es legítimo mientras no implique vulnerar los intereses de terceros en cumplimiento del principio de igualdad.

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