Especistas en acción

Ovejas biosegadoras - Ecologistas en acción

Cartel informativo y publicitario expuesto por la organización Ecologistas en Acción respecto a usos propuestos para un conjunto poblacional seleccionado por andaluces para beneficio de nuestra especie, un vivo ejemplo de cómo el ecologismo no «ayuda» a los demás animales; sino sólo a los intereses humanos.

El título de esta entrada refleja la primera frase que me vino a la mente justo al toparme con semejante cartel. Iba yo paseando por el parque Huevo de Colón, situado en la zona norte de Sevilla capital, cuando me encontré un rebaño de ovejas tras una verja, dentro de una parcela arbolada con un centenar de metros cuadrados, y una placa informativa (en la imagen superior) con las típicas consignas ecologistas que, por momentos, valdrían para promocionar una campaña de cualquier empresa cuya actividad se desarrolle mediante la explotación animal.

En este caso, de entre miles al día, tenemos a la organización Ecologistas en Acción, la cual promueve el uso de ovejas en espacios urbanos con la finalidad de que actúen como segadoras (eliminadoras de rastrojos) con el argumento de conseguir su conservación al recordar su utilidad para este fin y de cara a los intereses de pequeñas ganaderías locales. En este breve artículo, el cual se asemeja a otros anteriores, pretendo explicar por qué el ecologismo no sirve para salvar animales no humanos y por qué el ecologismo puede llegar a ser una ideología irracional. Otros autores ya han escrito ensayos acerca de esta cuestión.

El ecologismo no sirve para salvar animales no humanos

El ecologismo no sirve para salvar animales no humanos de la misma manera en que las petroleras no colaboran para evitar el deshielo de los polos. El ecologismo es una disciplina que trata de «conservar recursos naturales», es decir, considera que cualquier elemento natural (no humano o artificial) es un recurso. Intenta conseguir sus objetivos cometiendo el mismo error de base que quienes contaminan y destruyen la naturaleza: se enfoca en las acciones humanas sin asumir ningún tipo de ética hacia los individuos que la integran.

Para éstos, en lugar de exigir derechos, intentan lograr regulaciones sobre matanzas y alteraciones del medio en apelación a los sentimientos o las variables ecológicas en las cuales intervienen dichos organismos. O sea, su objetivo es cambiar las acciones humanas poniendo sobre la mesa otro conjunto de beneficios que persuadan los intereses comerciales desde un sentido de explotación basada en la muerte a una explotación basada en el uso en vivo.

Dado que el ecologismo cosifica a aquellos individuos que sienten y padecen pero no tuvieron la suerte de nacer como Homo sapiens, es antropocentrista y sigue percibiendo a los animales no humanos como simples objetos cuyo valor depende de su rol en los ecosistemas. Pareciera olvidar que, siguiendo esa misma lógica, los humanos no solamente careceríamos de valor; sino que mereceríamos una erradicación urgente.

El ecologismo es una ideología irracional

Aparte de la obviedad señalada en el párrafo anterior, cabe destacar otros aspectos ilógicos del ecologismo algo menos conocidos en sociedad. Estos puntos suscitan debates dentro del mismo y no ha de tomarse como una crítica al movimiento en su totalidad. Resulta posible un ecologismo respetuoso con los Derechos Animales, si bien, a día de hoy, no existe.

El ecologismo considera dogmáticamente que los seres humanos debemos conservar la biodiversidad (número de especies) y la diversidad (distribución de las especies) según patrones observados en la naturaleza.

Puede ser racional, desde el punto de vista científico, observar la distribución de las especies y sus roles para entender cómo funciona el ecosistema y por qué nuestras acciones llegan a degradarlos. Sin embargo, basarnos en tales hechos para justificar acciones incurre en la falacia naturalista: confusión entre el ser y el deber ser.

Que en un lago haya una especie dominante de alga nos plantea un interesante estudio acerca de por qué ocurre así, no obstante, creer (sin más) que esa alga debe dominar para que el medio fluya adecuadamente y que tenemos la obligación de favorecer dicho contexto nos dirige a esta falla del raciocinio. En muchísimas ocasiones, el ecologismo se apoya en lo existente para tomar medidas más allá de la responsabilidad humana (principio de casualidad). Es decir, resulta frecuente que eviten cualquier alteración del medio que pudiera incluso considerarse «natural» (sin intervención humana) con el argumento de que todos los medios están alterados a nivel planetario y que se requiere dicha manipulación para evitar un colapso.

Aunque en primera instancia pudiera parecer coherente este planteamiento, no lo es en absoluto; pues no solamente no tomamos como base lo que existiría si los humanos no hubiésemos manipulado el medio siglos atrás (decidimos según conveniencias actuales); sino que este argumento es fijista.

El fijismo era, en resumidas cuentas, una interpretación religiosa sobre el origen de las especies antes de que Darwin propusiera la Teoría de la Evolución. De acuerdo con ésta, todas las especies existentes son inmutables y así debe ser por una fuerza suprema o divina.

Cuando afirmo que este argumento, oído desde grupos ecologistas, es fijista me refiero a que rechaza cualquier transformación del medio natural en sí misma, como si toda desviación de lo conocido fue perjudicial, mala o «antinatural». Por ejemplo, si se da el caso de dos especies de aves que cada vez hibridan con mayor frecuencia debido a que han modificado sus ciclos de migración. Muchos ecologistas buscarán métodos de evitar dicha «mezcla génica» con el argumento de «respetar los fenotipos endémicos». Y no hablamos únicamente de medidas pacíficas para lograr dicho objetivo; sino también del asesinato sistemático de cualquier especie (catalogadas como «invasoras») si atenta al «modelo de perfección ecologista». Esta actitud es absolutamente irracional; pues, como mencionaba antes, se basa en cuanto habita un medio para determinar que eso y sólo eso debe estar presente.

Tal como resumo en estos apartados, el ecologismo es una doctrina inútil para los Derechos Animales mientras esté dominada por el especismo e incluso perjudicial para la naturaleza; pues a veces decide solucionar ciertos «problemas ecológicos» sin racionalidad ni asunción de principios éticos.

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